martes, 3 de junio de 2008

A LA LUNA DE VALENCIA

La cotidianeidad hace que los acostumbrados a alguna cosa en concreto, pierdan el deseo, la inquietud, o las ganas de darle valor a eso que hacen día a día. De este modo, cometemos el error de disfrutar poco de las cosas y de no buscarle significado a casi nada, empezamos a restarle importancia a todos esos objetos, recuerdos, acciones con que nos hemos familiarizado durante un periodo de tiempo.

Lo mismo me ha pasado a mí hasta este momento con la expresión “estar en la luna de valencia”… Ahora que Valencia es algo más importante para mí que otra ciudad más del mundo, me ha dado por buscar el origen de dicha oración y me he dado cuenta de una cosa: la expresión la hemos transformado, pues la expresión original sería “quedarse a la luna de valencia” y podemos pensar: ¿por qué la de Valencia y no la de Aragón?

Es sencillo: antiguamente Valencia era una ciudad amurallada que tenía muchas puertas de las cuales las más conocidas son Quart y Serrans. Estas puertas se abrían por la mañana y se cerraban por la noche y cualquiera que no llegaba a entrar por una de ellas antes de que se cerraran, tenía que esperar a que se abrieran a la mañana siguiente. Esto era “quedarse a la luna de Valencia”, pues aquel que llegaba tarde, debía pernoctar fuera y lo mejor que podía hacer era contemplar la luna.

Hasta ahora, puedo decir que siempre he llegado a tiempo de entrar en tu ciudad, no me quiero imaginar qué puede pasar si un día llego tarde, simplemente voy a disfrutar, sin miedo y si algún día hallo cerradas las puertas de Quart o Serrans, no lloraré, pues desde fuera supongo que todo será igual de perfecto, pasaré la noche en vela contemplándote, recordando todos los momentos que hemos vivido juntos y escribiendo las memorias de un amor, que se escribe con mayúscula.

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